¿Cuánto vale el teatro en este gran marketplace global? (Intro)
¿Qué haces? ¿Cuánto ganas? Cuando has ido a una cita romántica, ¿no te han hecho estas dos preguntas (o facsímil razonable) o las has hecho tú, además de la del signo del zodiaco (por supuesto)? Pues bien. Dejando a un lado la astrología, no es de extrañar que, en este mundo que se mueve imparable por las lógicas del mercado, a las artes también las indaguen y cuestionen su valor. Entendido aquí como precio y márgenes de ganancia, no como valor simbólico ni relevancia e impacto sociocultural.
Es difícil olvidar aquellos comentarios cuando decía que iba a estudiar creación literaria. La pregunta ¨¿y eso para qué sirve?¨ siempre me tomaba por sorpresa aun cuando la hubiera escuchado varias veces. Mientras mi mente fabricaba la respuesta, igual que una computadora con diez ventanas abiertas dando descargar a la vez, pasaba cualquier nimiedad y era posible que la conversación se fuera para otro lado. Clara muestra de que la pregunta finalmente solo me valía a mí; no para autoconvencerme de mi decisión (de ella no tenía dudas), sino para reflexionar sobre el valor que se le da a las artes, como significación y trascendencia, y como capital, utilidad y bien tangible.
Ciertamente, la mercantilización y la globalización han convertido al arte en un commodity, especialmente impactadas las disciplinas que del resultado de su creación surge un objeto, aunque si bien es de todos conocido que en las artes visuales y las conceptuales tampoco hace falta ¨la cosa¨ para venderse. El mercado, siempre de dientes largos, ha sabido cómo sortear los retos de la inmaterialidad. Véase el caso de la ¨escultura invisible¨ de Salvatore Garau vendida por $18 mil aproximadamente o el plátano pegado a la pared, de Maurizio Cattelan, cuyas ¨ediciones limitadas¨ se vendieron por cientos de miles de dólares y luego comprada en subasta por millones (el comprador se comió la ¨obra¨ frente a los periodistas).
En el caso de la performance, ha encontrado su espacio en el mercado a través de la venta de documentación, objetos, bocetos o el concepto, la idea de las piezas de performance. Esa comercialización de la performance se asemeja a la disciplina en cuanto a su núcleo conceptual.
Escribió Karl Marx en El capital: ¨El precio o la forma dinero de las mercancías es, como su forma de valor en general, una forma distinta de su corporeidad real y tangible, es decir, una forma puramente ideal o imaginaria¨.
El Informe del Mercado del Arte 2025, de Art Basel y UBS, reveló que aun cuando las ventas en el mercado global del arte disminuyeron en 2024, debido, entre otras causas, a la inflación y la inestabilidad geopolítica y económica mundial, el número de transacciones creció un 3%, especialmente por la actividad en los segmentos de menor precio. Asimismo, informó que Estados Unidos, Reino Unido y China se alzaban como líderes en el mercado mundial del arte.
Ciertamente, las artes escénicas, como el teatro, no se libran del hambre capitalista, pero se mueven distinto en esta competencia voraz. O ese es el feeling que tengo ante esta búsqueda sobre el mercado del arte y el teatro que me he propuesto. El carácter de transitoriedad e inmaterialidad de las artes escénicas las mantiene con un cierto aura de invulnerabilidad (al menos filosóficamente) ante la explotación comercial porque no hay cómo ¨venderlas¨. Quizás cambie de parecer.
Planteamientos económicos sobre las artes escénicas
En el libro Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Adam Smith (siglo XVIII), considerado ¨el padre de la economía moderna¨ y defensor del libre mercado, dividió los trabajos en dos: el que produce mercancías vendibles y genera valor (productivo), y el que no añade valor (improductivo). El primero se refiere al que crea un bien tangible que puede comercializarse, y el segundo, el que desaparece en el momento de su realización y no genera valor como objeto perdurable y vendible. Para Smith, el trabajo productivo es donde reside la generación de la riqueza de un país.
¨En la misma categoría [trabajo improductivo] deben clasificarse tanto las profesiones más serias e importantes como las más frívolas: clérigos, abogados, médicos, literatos de todo tipo; actores, bufones, músicos, cantantes y bailarines de ópera, etc. El trabajo de los más humildes tiene un valor determinado, regulado por los mismos principios que rigen el de cualquier otro tipo de trabajo; y el de los más nobles y útiles no produce nada que pueda posteriormente comprar o procurar una cantidad igual de trabajo. Como la declamación del actor, la arenga del orador o la melodía del músico, la obra de todos ellos perece en el instante mismo de su producción¨.
Otros economistas han redefinido el concepto de trabajo, alejándose de Smith. Por ejemplo, Alfred Marshall declaró en Principios de economía que: ¨Y si tuviéramos que empezar de cero, sería mejor considerar todo trabajo como productivo, excepto aquel que no logró el objetivo al que se dirigía y, por lo tanto, no produjo utilidad¨.
Por su parte, la llamada ¨enfermedad de los costos¨ o efecto Baumol por el economista William Baumol ―autor junto a William Bowen del libro Artes escénicas, el dilema económico― expone que la crisis en ciertos sectores, como las artes escénicas, se debe a que dependen mayormente del recurso humano y no pueden hacer frente al aumento salarial y de los costos de producción mediante un incremento en la productividad (entendida como eficiencia o cantidad de producción por hora de trabajo), como sí pueden hacerlo sectores que se valen de máquinas y automatización. Sin embargo, ha habido críticas a ese argumento; por ejemplo, las de quienes afirman que la innovación y la tecnología han repercutido en que el sector artístico incremente su productividad.
Un teatro que aspira a ser sostenible, ¿cómo lo logra? ¿Es posible que el teatro se mueva dentro de la lógica del mercado sin ser engullido? ¿Puede ser el teatro rentable en el capitalismo?
En un próximo escrito, se abordarán las dinámicas económicas relacionadas al teatro, con especial atención al contexto boricua.
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