Señoras, señores, que se muere el teatro (otra vez)
Que el teatro ha muerto es como la primera parte del cuento de Pedro y el lobo. Que viene, que viene, que viene, pero no. La (falsa) hora del deceso ha sido declarada tantas veces que a estas alturas no es de extrañar que el teatro confíe en su inmortalidad.
Si creyeras que los cuentos del lobo que aluden a la expiración del teatro tiene que ver (solo) con postulados contemporáneos sobre la supremacía de nuestro cuerpo digital versus el anacronismo de la materialidad y presencialidad fundacional desde la que se origina la experiencia teatral, agárrate que vienen curvas.