Son tiempos aciagos, my friend: ¡Teatro, mucha mierda para ti!

Son tiempos aciagos, my friend: ¡Teatro, mucha mierda para ti!
Teatro de Burdeos Estamos representando la tragedia. Honoré Daumier, 1871. Imagen de dominio público. Cortesía de la Galería Nacional de Arte, Washington.

Antes que despotrique contra mí por mi insulto en el título de este artículo, sepa que ¨mucha mierda¨ en teatro es una expresión parecida a break a leg!, un deseo de buena suerte sin mencionar la palabra suerte ni buena porque eso da mala suerte. 

Aunque hay una diversidad de expresiones para desear un buen espectáculo, unas tan raras como las otras y basadas en hechos históricos o folclore que han sido adaptados a la jerga escénica, como chookas (pollo en la jerga de Australia) o in bocca al lupo (en la boca del lobo) en Italia, la referencia  escatológica que se usa en Puerto Rico puede ser al inicio desconcertante. Créame; me sucedió cuando participé como artista del movimiento corporal en una obra del Cuerpo de Actores de Teatro Experimental de San Juan y no tenía idea de lo que estaba pasando. ¨Aquí se tratan muy mal¨, me dije. Aun después que supe el significado, creo que nunca lo dije; no sé por qué. Pero ahora sí, sí, sí. 

Entonces, la mierda que le deseo al teatro en este preciso momento se debe a que no hay manera de negar que estamos experimentando tiempos objetivamente atroces a nivel mundial. Nunca olvidaré un escrito que leí durante la pandemia por el covid que vaticinaba que el período pospandemia tendría un efecto similar al ocurrido con otras pandemias a lo largo de la historia; no en el contexto, sino en la intensidad del quiebre y el extremismo. Dicho y hecho. 

Sin duda, las artes, que tienen en su centro filosófico un impulso inherente hacia la resistencia (entendida como oposición y aguante, el tipo de aguante que proclama ¨de aquí no nos mueve nadie¨), son ciertamente una de las primeras en la línea de fuego. Ellas se exponen a pecho descubierto al ataque. De modo que la precariedad que puede inundar el hecho de hacer arte se acentúa aún más durante esta convulsión social, política, económica y cultural. 

No es de extrañar que los gobiernos de países como Estados Unidos, Argentina, Italia o Hungría se propongan lanzar toda su artillería contra las artes y la cultura en un firme propósito de desmantelarlas y eliminar cualquier vestigio de derechos que quede luego del azote. 

Por su parte, ya se sabe que en Puerto Rico el efecto colonizador sobre nuestro archipiélago aplasta como yugo. No es cliché. Es la triste historia de la ¨colonia más antigua del mundo¨. Hoy tenemos un gobierno que celebra en demasía e intenta repetir, en un tipo de imitación servil y mucho más intensa y cruel que otras veces, el siniestro estruendo imperial. 

Ahora todo el mundo alude al filósofo, teórico y fundador del Partido Comunista Italiano Antonio Gramsci y su teoría de la hegemonía cultural. Las (nuevas) derechas han decidido interpretarla y aplicarla a su modo. El llamado gramscismo de derecha libra hoy su ¨batalla cultural¨. 

¿Y ahora, qué?

Antes de la pandemia, el teatro enfrentaba dificultades para su sostenibilidad. En 2020, como parte de las iniciativas del Task Force Social del Pueblo en Puerto Rico ―que reúne al tercer sector―, la directora ejecutiva de Teatro Público, Raquel Vázquez Varela, presentó una ponencia en la que abordó el panorama del ecosistema teatral y posibles estrategias para enfrentar el impacto por la crisis sanitaria. Retos como la venta de boletos, los altos costos de producción, la falta de remuneración a los artistas en el período de ensayos y la precariedad laboral de los trabajadores del teatro fueron señalados por Vázquez Varela. 

Aunque las medidas que compartió la ponente estaban dirigidas a proponer estrategias de intervención para mitigar el efecto de la pandemia, sus planteamientos siguen resonando hoy y piden ser atendidos con premura. ¿O usted me va a decir que a estas alturas ya se ha resuelto adecuada y responsablemente la implementación de política pública para que la educación en teatro y artes sea requisito en todos los niveles escolares, así como la asignación de fondos para la contratación de maestros de artes en cada uno de los planteles? 

Por otra parte y siguiendo el rastro a datos sobre cómo se enfrenta el teatro a la era pospandemia, me topé con el reporte Se levanta el telón: Factores críticos que influyen en la resiliencia del teatro, publicado por el Fondo Nacional para las Artes (National Endowment for the Arts o NEA) en agosto de 2024. En 2025 el NEA, agencia que Trump ha insistido en eliminar junto a otras como el Fondo Nacional para las Humanidades (NEH, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas (IMLS, por sus siglas en inglés), canceló subvenciones ya aprobadas y modificó los requisitos para solicitar las mismas. Es evidente que la presión ha hecho efecto. En enero del año en curso, el Congreso de Estados Unidos votó a favor de mantener la financiación del NEA y el NEH. 

Dicho esto, el reporte antes mencionado, que apunta a las dificultades económicas de los teatros ―especialmente aquellos sin fines de lucro― incluso antes de la pandemia, así como a la situación laboral precaria del gremio y la falta de diversidad en el personal, el repertorio y el reparto, expone ejemplos de varias estrategias que fueron implementadas durante la pandemia o han sido recomendadas por expertos con la intención de que sea considerada su aplicación en la pospandemia. 

Algunas de estas son: 

  • Continuar ofreciendo propuestas teatrales digitales, ya que reducen las barreras de participación y ayudan a diversificar el público.
  • Potenciar el valor que el público percibe al asistir al teatro con la creación, por ejemplo, de una experiencia de sala mejorada, la presentación de obras en espacios no tradicionales y la promoción del teatro inmersivo, en el que los espectadores se convierten en participantes activos. 
  • Más allá de las obras, realizar actividades en las que la comunidad pueda participar, como charlas posteriores a la función, foros e interacción del público con artistas, entre otras.
  • Hacer un balance adecuado entre las producciones de obras conocidas y las novedosas.
  • Establecer alianzas y colaboraciones entre los grupos de teatro para compartir y reutilizar recursos, por ejemplo.

El desarrollo de un entorno inclusivo y equitativo, la promoción de la diversidad y el mejoramiento de las condiciones de trabajo ―estableciendo un modelo de una sola compañía, en lugar de una separación entre ¨personal¨ versus ¨contratistas¨― son asuntos importantes que señala el reporte. 

Última reflexión (que no final) 

Recuerdo que, ante las promesas de los políticos en campaña, mi madre decía (para sí misma): ¨No me digas lo que vas a hacer, dime cómo lo vas a hacer¨. Y tenía toda la razón. Podemos imaginar un sinnúmero de posibles soluciones, miles de estrategias, pero ¿cómo lograr que todos los agentes, internos y externos, que repercuten en el ecosistema teatral confluyan en un mismo propósito? ¿Es viable y factible? ¿Es verdaderamente posible que el teatro sobrepase de una vez y por todas el inacabable período de inestabilidad y precariedad? ¿O tendrá que seguir sosteniéndose exclusivamente de la voluntad y la resistencia del gremio? 

¿Eres parte del ecosistema teatral? Comparte tu parecer sobre este tema, qué propones como soluciones o medidas necesarias y qué pasos deberían seguirse para que puedan concretarse. Accede a este enlace: https://forms.gle/xq9MUtT6XHReXpJx9 .

La información que se reciba podrá ayudar a delinear próximas líneas de investigación de este hub teatral y podrá compartirse, con tu autorización, en las redes de ¡Qué trama! para generar diálogo y acción. 

¿Qué piensas tú? Te leo en los comentarios. Y si te gustó, ya sabes: comparte.